Guayaquil éste fin de semana está de fiesta, se puede visitar la FAAL (aunque siempre ganen los del ITAE), está el POPFEST, los Malecones, rematar en un bar por la zona rosa o el cerro Santa Ana, comer cangrejos, tomarse una Pilsener o una Club, rematar el chuchaqui con un encebollado o un ceviche de camarones, etc, hay tantas cosas que hacer por éstas fechas y siempre.
Y hoy recordaba ese Guayaquil de hace unos años, el Guayaquil no regenerado, no digo que antes fue mejor pero tenía su encanto, ahora la ciudad está hermosa, más limpia, pero recuerdo esas épocas en las que ir a chupar al Malecón significaba ir al barquito ése que estaba frente al Hotel Ramada (Ma. Candela con seguridad tú recuerdas el nombre, porque mi memoria está maliiiisima! era el Barco Pirata???) y la pasabas bacan dándole una vista al rio lleno de lechuguines. O cuando farrear en el centro significaba ir a Palosanto, rodaban cervezas, vasos de ron o lo que te invitaran porque siempre había gente conocida y aunque la entrada costaba ¿cuanto? ¿15.000 sucres? llegábamos y entrábamos frescas que cigarrillos sobraban, cervezas y amigos también, cuantas cervezas en ése lugar con Gi y la Dani, cervezas, carcajadas, buenos momentos.
Recuerdo cuando íba los lunes al cine foro de la Casa de la Cultura (o de la Incultura como la rebautizamos) ahí me enamoré de Javier Bardem al verlo en la película Extasis (que cuerazo el Bardem! en esa cinta, porque cuando lo vi en Boca a Boca me desenamoré), vi algunas películas de Buñuel, y hasta Jerry Maguire. Luego una pasada por el Montreal donde siempre estaba Martillo y Lizandro con la incauta de turno (jajaja), un bisté con patacones en Barricaña y más Marlboro rojo. Cuantos cafecitos y cigarrillos en la cafeteria de Juan Carlos, punto de encuentro para ir a patrullar la ciudad, y hacer nada y reirnos de todo. Caminábamos por esas calles con desenfado sin temer a los choros del centro, ni la hora de llegada, sin celulares, en zapatillas y sin importar nada porque el mundo sigue sus vueltas y nosotros lo pasábamos bien.
Después algunos amigos se fueron, y otros llegaron, y salía de los ensayos de Ubriaco tarde, y pasaba por la 9 de octubre y me parecía un zoológico, el zoológico de la ciudad! encontrabas oficinistas, estudiantes en uniforme, rockeros con camisetas negras, vendedores ambulantes, choros de esquinas, alguna que otra prostituta o travesti (o las dos cosas juntas), y hasta los mudos que se juntaban en la esquina de García Avilés, y pasaba yo a tomar el bus para regresar a casa después de pasar el día pensando que se podía vivir del arte. Pero eso no importaba porque me la pasaba bien.
Y yo viví ese Guayaquil de esa forma.
Luego se llevaron el Barco Pirata y lo dejaron en el Estero Salado. Y todo cambió. Y hasta yo cambié. Pasear por el Malecón era peligroso ahora es seguro, tan seguro que me voy caminando por la madrugada hasta llegar a la casa de mis viejos por el parque España, bordeando el Malecón, paso por la Iglesia San José y todo está normal, veo de reojo el Palacio de Cristal y recuerdo que de chica iba con mi mamá allá y todo estaba lleno de sangre de pescado, res y hasta recuerdo que por el lado de Av. Olmedo un día pasé con Juancho buscando algo de material extra.
Y sigo de largo caminando viendo que todo ha cambiado y yo también. Esta vez fui yo quien se fue.